martes, 27 de mayo de 2008

AGRESIÓN CRONOPIANA

Estaba ordenando libros en mi reducida biblioteca, guardo sólo los que sé expuestos a una nueva lectura. El resto pasa a la operación-canje. No es desdén a mis congéneres, respeto siempre a la gente que escribe,aunque no sea de mi agrado. Pero es imposible en un deto chico, guardar tantos libros y aparte discos. Así y todo, hay libros encima de otros, atravesados y de costado; también algunos en la parte de abajo de la mesita de luz. Como dije, ordenando y limpiando se me vino encima "62 Modelo para armar", me cayó de costado en la pierna derecha y la tapa filosa, me la raspó un poco, ya que estaba en bermudas. Es rara esta agresión del Cronopio Père; yo nunca hablé mal de él, ni adherí a las críticas de algunos literatos imberbes, (aunque algunos ya pasaron los 40 años, pero la adolescencia ahora se extendió hasta los 50). ¿Imberbes, dije?. ¿De dónde se me pegó esa palabreja?. Pero la dejamos, cambiarla no viene al caso. Por lo tanto no sé porqué Julio me tiró todo ese modelo, más que para armar, armado. Ahí, en la primera hoja, estaba la marca (X) de muy buena, no me gustó tanto como "Los premios", a la que sigo considerando su mejor novela, aún por encima de "Rayuela" de la cual, como se sabe, se bifurca "62 Modelo...".
Luego seguí hojeando otros libros y me consolé pensando: fue una suerte que no se me cayera encima "La muralla china" de Kafka, más que un raspón, las consecuencias serían lamentables.
J. C. Conde Sauné

miércoles, 21 de mayo de 2008


"Entre la flor que tomo y la que doy/ la inexpresable nada".
Este poema o frase poética de Ungaretti, me vino a la memoria, al ver imágenes del extraño eclipse de sol, por la interposición de Venus. Esa pequeña luna en el sol provocada por Venus, deja nuestras pequeñas miserias cotidianas patas para arriba y me remite al poema citado. ¿En qué pensaba Ungaretti, cuando adhería al fascismo? Pero un hecho destacado lo rescata, protegió y ocultó en su casa a Umberto Saba, perseguido por ese régimen.
¿Hay realmente belleza, que se contraponga al sentido ético de la vida? Esto último es para mí: ¿cómo me puede gustar la poesía, de alguien que está en la vereda de enfrente, en lo que se refiere al pensamiento político? Creo que soy una especie de reincidente, me pasó antes con Eliot.


30-06-2004  *  J. C. Conde Sauné

martes, 13 de mayo de 2008


Hay libros que firman el certificado de defunción de un autor, al menos para mí. Haber leído "La jalousie" (La celosía) de 1957, como la primera novela llegada a mis manos de Alain Robe-Grillet, no me quedó más ganas de emprenderla con alguna otra de él. ¿Habrá alguna más buena que aquélla?. ¿Pero quién se anima?. Este padre de la "escuela de la objetividad", recientemente fallecido, hizo que lamentara el dinero gastado en el libro. Dicen que Roland Barthes lo admiraba, no me extraña, los gustos de Barthes tampoco son los míos.
Algo parecido me pasó con "Ferdydurke" de Gombrowicz y "Boquitas pintadas" de Manuel Puig, me desanimó para intentar leer algo más de ellos.
El mundo mecánico que proponen tanto Robbe-Grillet como Gombrowicz, desde otro punto de vista, no funciona de esa manera, los objetos no cuelgan del universo, sin una mano consciente que los desee y los contenga; y desde luego los fabrique. En esta sociedad, objeto-conciencia funcionan como una sola cosa. El objeto no existe, sin la ambición del ser humano para poseerlo; más en esta sociedad de consumo, pos revolución industrial, la única revolución que triunfó.
J. C. Conde Sauné

viernes, 9 de mayo de 2008

APUNTES SOBRE UN ESCRITOR ( relato )


Se lo podía ver todas las noches, sentado en un sillón, jugueteando con la lapicera y anotando una que otra palabra en un bloc borrador. Si uno se acercaba, muy despacio, y miraba por detrás y arriba de su hombro, podía leer lo siguiente: "Hallé un papel transparente/ en un cuadrilátero de aire.../ tomando un mate/ juego a escribirlo/ Mi la lapicera la uso de bombilla/ se ha lavado la yerba/ buscaré otra imagen."
Después seguía pensando en algunas otras palabras o posibles historias. A veces prendía el grabador y se escuchaba, luego, él mismo diciendo: "No hay un día en que no haya soñado con la muerte, símbolo perfecto de toda creación. La bella puta ninfómana, que todo buen amante de lo sublime desea...". Apagaba el grabador, sonriendo porque pensaba que la necrofilia, era casi una constante en eso que llaman el "ser nacional" y se adormecía en el sillón y en ese entonces nadie, que lo observara, podía saber que pensamientos o ensoñaciones moraban en ese ser tan extraño para la familia, como para los amigos. Se despertaba sobresaltado o disgustado por la mala posición en que dormía y tirando el borrador encima de la mesa, se iba a la cama, no sin antes pensar que iba a soñar con esa gran obra que iba escribir. Ya en la penumbra, y casi adormeciéndose, hacía y deshacía los posibles planes: "mañana, mañana -murmuraba". Pero al otro día y a la misma hora volvía a repetir el rito y eran sólo unas palabras ya escritas o grabadas que se iban sumando a la gran ambiguedad, porque nunca rompía un papel escrito. A Saint-John Perse ese sistema de ir escribiendo papelitos, según se dice, y un día reunirlos, le había dado resultado. Salvo que él no era Perse, sino un hombre obstinado que sentía que la gran obra debía escribirse de una sola vez, sin parar ni siquiera para dormir o comer. Una larga entrega, como la cópula de los reptiles.
Con el correr de los días, se dio cuenta que una obra literaria, no era tan importante para su vida. Sólo había estado llenando un tiempo que otros emplean para fornicar, masturbarse, ver gansadas por televisión o charlar con un vecino. Pero ahí estaba la gran falta, tan preocupado estaba con su obra, desde hacía años, que no se había dado cuenta que todo era muy absurdo. En resumidas cuentas, no sabía a quien podría interesarle una gran obra literaria. Ya que toda gran obra carece de sentido. Si uno imprime sólo el monólogo de Molly Bloon, como ya algún editor lo hiciera, el resto del "Ulises" es un sublime mamotreto. Lo mismo se obviaría la segunda parte de "Rayuela" (El gran Julio acertó, previniendo al lector que su obra era desmontable) y así etc., etc,...
Quizás las obras del futuro, seguía hilvanando el escritor, serán descartables como los envases de ciertos productos (Habría que considerar si algunos best-sellers no se adelantaron al futuro) y en algunos casos bio-degradables como los detergentes, un ejercicio de ecología literaria, digamos.
Post-scriptum: El escritor después de un tiempo, dio en la tecla. Sólo escribiría de su obra la parte descartable, se abstendría a que fuera bio-degradable, con la posteridad nunca se está seguro.
J. C. Conde Sauné