viernes, 15 de mayo de 2009


Volver a leer a Maupassant, siempre causa satisfacción; a pesar del agua corrida, sigue siendo con Chejov y Poe uno de mis referentes preferidos en el cuento. Uno comprende, además, que muy poco se puede agregar, después de ellos en el arte del cuento.
"La maison Tellier", lo leí hace muchos años, cuando promediaba mis estudios del francés. Ahora con más dominio y comprensión del idioma, resulta más fascinante.
Me sorprenden todavía de los nueve cuentos: "Les tombales", "Sur l'eau", "En famille" y "Au printemps" en el desarrollo de la trama y lo que más me gusta a mí en un narrador, la posibilidad de dejar un resquicio para que el lector reelabore mientras va leyendo. En uno de los cuentos, a mi entender, menos logrado: "La femme de Paul", tal vez por lo excesivamente descriptivo, logra hacia el final del relato encauzarlo en la atención y rematarlo eficazmente; quizás sea más una novela corta que un cuento.
Me propongo seguir releyendo, en lo sucesivo, algún libro más del gran Guy.
No olvidemos, además, el juicio de Anatole France sobre él: "Posee las tres cualidades del escritor francés: primero la claridad, después la claridad y por último la claridad".
17-10-2004 * J. C. Conde Sauné

martes, 12 de mayo de 2009


"Lo más oscuro del río", son 14 relatos de Luis Gusmán, publicados en setiembre del 90 por la Editorial Sudamericana. El nombrado autor del "El frasquito", desarrolla estos cuentos con una unidad temática; bordeando el río, imprime un interés sostenido a medida que aquéllos avanzan.
Quizás "Tennessee" no debió ser el primer cuento, cierta excesiva morosidad descriptiva, muy similar a la de Juan Carlos Onetti, para quien abre el libro, puede llegar a desalentarlo. Pero el segundo relato "Nombre de artista", levanta el ánimo del lector y conforma un relato magnífico; al igual que "Los Gloster", "El fondo de las cosas", "Studebaker" y "Salazar". Los restantes, mantienen la calidad del libro; es una suerte haberlo encontrado en mi librería habitual.
J. C. Conde Sauné

martes, 5 de mayo de 2009


Leyendo a Borges, sobre todo los ensayos, uno envidia como lo oscuro resultan tan fácil de entender.
Como las palabras, caen tan justas y parecen colocadas al azar. Alguien dijo una vez, creo que Petit de Murat, que Borges no era un poeta, sino un acomodador de palabras; y lo dijo en un tono algo despectivo.
¡Me gustaría ser un acomodador de palabras como él!
¿Y la poesía?. La poesía es lo que uno posee, a pesar de la rutina y los rigores de la vida. Lo demás, si se tiene talento, viene solo y las palabras caen como al centímetro, como dije antes, casi colocadas al azar.
Ese es el Borges que leemos con placer, diríamos casi con devoción.
J. C. Conde Sauné