miércoles, 26 de noviembre de 2008


"Lazos de familia", film de Jordan Roberts. Tres hombres y un niño, de un bisabuelo a un nieto, se ven entrelazados en esta magnífica comedia dramática. No soy un especialista en cine, pero sí un cinéfilo (aunque esta palabra me suena un poco rara), digamos un entusiasta que le gusta el buen cine.
Lo anterior viene al caso, porque creo que no es nada fácil hacer una comedia-dramática. He visto muchas películas en las cuales, el director o sus actores tropiezan. La línea imaginaria entre comedia y drama, es muy sutil; pero lo cierto es que la vida corriente nuestra, está saturada de comedias dramáticas. Y esto es lo que supo captar Jordan Roberts, con actuaciones notables de Christopher Walken, Josh Lucas y sólo 20 minutos de Michael Caine, para hacer una película que vale la pena ver. Por ahora nosotros, nos arreglamos alquilando DVD y viendo cine en casa. De lo contrario hay que tomar un bus y enfilar para el centro porque, aquí en Quilmes, no traen una buena película ni de casualidad.


J. C. Conde Sauné

martes, 18 de noviembre de 2008

Días de laxitud o más bien de "nonchalance" (como dicen los franceses, me gusta mucho esa palabra) y especulando en lo por venir y en el porvenir.
Escuchando música, mucha música y reordenando mi discoteca. Poniendo a mano los compactos que me gustan. Dejando un poco aparte, los que escucho menos. Ejemplo: Corea y Hancock en dúo de pianos, "An evening With Chick Corea y Herbie Hancock". ¡Cómo erraron el camino estos muchachos! Confunden arte con técnica o sentimiento con maestría. Es cierto, que la expresión artística tiene que intentar nuevos caminos, pero hay que tantear sintiendo, por lo menos, hacia donde se va. Será por eso, a veces, que uno se conmueve más con Teddy Wilson, Red Garlan o Tommy Flanagan que con Corea, Hancock y Jarret juntos. Pero hay que apostar a la modernidad, derribando lo viejo y construyendo algo nuevo, aunque inconsistente.
Así como nació el rock y la fusión, parientes pobres del jazz, sin la imaginación y la creatividad de éste, se llegó a la música electrónica y ahora un ingeniero avispado, puede hacer también música. Además, hay otras rarezas, John Cage se dio el gusto de componer una pieza para piano, que denominó 4' 33'' , sin una nota escrita. En 1952 el pianista David Tudor, se ubicaba frente al piano los 4' 33'' sin ejecutar nota alguna. Los "sabios" críticos llaman a esta pieza "célebre", porque juega con la reacción del público, por cierto bastante sumiso, que no se fue del teatro y pidió que le devolvieran la plata de la entrada...
"One night in The Hotel" (5' 53"), escuchando a Michel Petrucciani que interpreta a Ellington, como acto de desagravio a la música.
29-08-2002  *  J. C. Conde Sauné

martes, 11 de noviembre de 2008

RENATA : PLAN PARA VERSIÓN 2 ( relato )


A veces cualquier pretexto es bueno, por lo común si se ha leído sobre los distintos ritos que tienen los escritores, para vencer la obstinada resistencia del papel en blanco. García Márquez dijo que podía, únicamente, escribir con máquina eléctrica. Y si por ejemplo, observo la Underwood enfundada en su estuche de plástico, pienso: la inevitable desazón que me causa sacarla de su modorra y empezar a tipiar algunas líneas. Las oficinas y sus empleos y las prácticas diarias empujan a uno hacia el uso del lápiz 0,5 o de la lapicera a bolilla. Esta noche, no sé porqué, deseché todas las lapiceras disponibles al alcance de la mano y busqué la Parker 51, con su cursi capuchón dorado, la cargué de tinta y la deslicé sobre el papel. Acaso imaginaba, que era como preparar una pipa, encenderla y dedicarse de lleno al deleite de fumar. Hasta ahí, iba todo muy bien; pero es muy difícil atrapar los personajes y encerrarlos en el redil de un rectángulo de papel. Por eso fue necesario leer algunas cartas viejas, postales y , posiblemente, recordar alguna anécdota. Aunque hay que tener cuidado con Borges, porque en cualquier momento puede acusarlo a uno de ser un periodista que cuenta historias amenas, como aseveró al referirse a Maupassant (injustamente, creo).
Colocarse al lado de una ventana, ante una mesa de café y ver desfilar a la gente sería una buena idea, si se fuera Edgar Poe y el fruto resultante "El hombre de las multitudes". No hay peor suerte que imaginar un cuento ya escrito; siento que "Renata" pudo haber sido escrito de otra manera, desde el centro mismo de la adolescencia y dejar más en evidencia la conducta de los padres. Pero a veces los elementos con que se cuenta son muy inconsistentes y yo lo sabía.
Poco importaba, que fuera a máquina, a lápiz, lapicera o con un pedazo de carbón en la pared. Tenían que nacer las ganas desde adentro y los personajes tendrían que salir, casi, como por un tubo, andar por si solos, sin el hilo caprichoso de la tinta o una cinta mecanografiada y así amarían, sufrirían injusticias, rechazos de una sociedad despiadada y mezquina, podrían gozar algunos momentos de felicidad y siguiendo las calles largas del papel andarían a su antojo, podrían comenzar su relato por el desenlace o por el nudo y terminarlo por la exposición, porque con ellos ningún narrador se sentiría seguro, cualquiera se transformaría en determinado momento en su traje de fantasma y podrían discutirle al mismísimo Arlt su estilo caótico y a Cortázar su axiomática transformación de lo real y a Borges su, a veces, pesada erudición. Ellos por lo general deciden su suerte.
En este momento llaman a mi puerta y voy a atender. Se presenta ante mí una chica, de unos dieciséis años, que dice llamarse Renata y me asegura que todo está listo para comenzar de nuevo, que detestó, en mi narración anterior, la ominosa tercera persona y que sólo podría mitigar sus tristezas si le cuento algo de padres cariñosos que quieren a sus hijos y que aún no han sido envilecidos en la vida por el afán de poseer objetos. Prometo destapar la Underwood y recrear algunos de los paraísos perdidos, esos que fueron tejidos en nuestra infancia como una telaraña de hilados finos y sensibles, los que permanecen suspendidos en el tiempo como gotas de rocío y son tan frágiles que cualquier brisa puede quebrarlos. Renata se recuesta sobre la mesa en que escribo y yo renuevo todos sus sueños y fantasías sintiendo, que la calidez de su mirada le dan alas a mis manos.


J. C. Conde Sauné

lunes, 3 de noviembre de 2008

"Contre Sainte-Beuve" y "Les plaisirs et les jours" / "Pastiches et mélanges" fueron editados en español con el título "La muerte de las catedrales", un ensayo que forma parte de "Les plaisirs..."; el más flojo de los editados, él mismo lo reconoce, escritos por Marcel Proust.
Pero el libro que incluye, aparte, unas relevantes semblanzas de Stefan Zweig, Hernando Téllez y Alvaro Mutis, muestra la maravillosa fibra poética del autor de la "Recherche..."
"Alcobas", "Vuelta a Guermantes", "Las añoranzas, sueños color del tiempo" y"Sentimientos filiales de un parricida", por si solo, corroboran porqué Proust fue uno de los escritores más grandes del siglo que pasó.
Oí decir por ahí: quien se atreve a leer tamaña obra. Bueno, aquí tenemos un breve compendio del arte de Proust. Yo leí apenas tres tomos de su obra: "Du côté de chez Swan", "À l'ombre de jeunes filles en fleurs" y "Sodome et Gomorrhe". Pero estos tres, sobre todo los dos primeros, me bastaron para comprobar que no es un clásico sobrevalorado, sino uno de los genios de la literatura.
Gustavo, un amigo, me regaló este libro; supo elegir bien el obsequio. Lamentó, al entregarlo, que no estuviera en francés. Pero es bueno, también, leer en español a Proust, cosa que nunca había hecho. La traducción de José Cano Tembleque ("Contre Sainte-Beuve") y la de Consuelo Berges ("Les plaisirs et les jours" / "Pastiches et mélanges") son muy buenas, en especial la de Consuelo Berges que conserva toda la vena poética del autor.
J. C. Conde Sauné