lunes, 30 de noviembre de 2009


"Le chien jaune", traducido como "El perro canelo", es una novela policial de Georges Simenon que acabo de leer. Cada tanto me gusta leer novelas policiales y ésta es la tercera de Simenon que leo; antes "El loco de Bergerac" y "La sombra chinesca".
Vuelvo a repetir, lo que dije antes sobre las buenas novelas policiales (digamos novelas, a secas): reflejan mejor que algunas, con más pretensiones, hacia donde va una sociedad. El argumento de esta ficción, se desarrolla en Concarneau (Finistère), en donde unos burgueses aburridos, hacen tertulias en el café del "Hôtel de l'Amiral". Simenon vuelve a demostrar aquí la solidez de su relato. El cachazudo, pero eficaz, inspector Maigret resuelve sus casos, fumando apaciblemente su pipa.
Tengo ya a Simenon, descubierto no hace mucho, entre mis preferidos al lado de Conan Doyle, Horace Mc Coy, Patricia Highsmith, Stanley Ellin y Margaret Millar; en este género de ficción.
J. C. Conde Sauné

lunes, 23 de noviembre de 2009

EN EL BONDI ( 13 ) Memorias de un pasajero

Antes de que me ocurrieran estos episodios, me preguntaba cuando uno se da cuenta que está viejo y los hechos me pasaron simultáneamente. Estaba esperando en Once el 98, tranquilo haciendo cola para ir sentado. No era cuestión de ir parado, después del amasijo diario. De esa manera me sentaba en el fondo, en la popular como llamaba a los asientos allí ubicados. De pronto vi a una señora, de esas mañosas y pícaras, que se deslizaba de costado cuando se arrimó el colectivo para que la gente subiera. Un hombre, que estaba delante mío, protestó y yo le hice pierna: "¡estas viejas siempre colándose!". La aludida señora se dio vuelta y me contestó: "yo no me estaba colando señor, quería ver el cartel para saber de que ramal es el colectivo, aparte fíjese que usted tampoco es un pibe que digamos". Me acostó la vieja y subí al bus un poco azorado. Al tomar velocidad el vehículo, empecé a sentir frío, era un otoño fresquito y no podía cerrar la ventanilla, por más fuerza que hice. El muchacho, que venía sentado a mi lado, me dijo: "deje don que lo ayudo". Le dio un tirón calculado y a media máquina, cerrando la ventanilla. Le agradecí al muchacho, pero ese "don" me dejó en la hueste de los que van al retiro. Siguió avanzando el colectivo y en Constitución estaba lleno hasta el tope. No sabía cómo, pero hasta ese lugar inexpugnable había llegado una chica pálida y a punto de desmayarse. Me levanté para darle el asiento, pero ya otra chica que venía sentada adelante, de la fila del fondo, se levantó antes, ayudó a la que se sentía mal y la sentó al lado de la ventanilla, en donde ella había estado. Quise darle el asiento a la buena samaritana, pero ésta me dijo: "no, no hay problema, no se moleste señor quédese ud. sentado"; haciéndome una sonrisa tierna y cariñosa. Lo interpreté como "abuelo quédese sentado a ver si se me desmaya ud. también".
Mejor que los espejos, sirven los viajes en colectivo para deschavar la edad.
J. C. Conde Sauné

martes, 17 de noviembre de 2009


Emily Brontë, por fin llegó su turno para mí. Acabo la lectura de "Cumbres borrascosas". ¿Tarde? Para la literatura clásica, nunca es tarde. Las buenas obras permanecen en el tiempo y ésta nos da la razón. Había comprado el libro hace años. ¿Cinco, diez años? Mi esposa, me dijo una vez que lo quería leer de nuevo y lo compré; con la idea de hacerlo luego yo. Y ahí quedó, por una razón u otra. Y me encontré con una gran novela, que empieza con un relator, casi extraño a la misma; Lockwood, un hombre que alquila una granja y se encuentra con los extraños moradores que viven en "Cumbres borrascosas", una finca del lugar. Allí toma el relato Nelly (la sra. Dean, una ama de llaves) y cuenta la historia de las familias Linton y Earnshaw. Ella le revela, todos los secretos de esas familias a Lockwood. Éste, que pensaba permanecer un año en la granja alquilada, decide dejarla; no le cae muy bien ese ambiente y esos personajes. Al año, de paso cerca de allí, resuelve visitarla de nuevo y se entera de las novedades; la sra. Nelly se las cuenta, a partir del momento en que él abandonó el lugar. La narradora usa a Lockwood, también, para terminar el relato de la novela con un final feliz, se diría, a pesar de las tragedias ocurridas en aquel sitio; Lockwood la comienza y la termina, se diría casi sin querer, ella que gobierna la trama, se lo impone.
Lydia Pinkus, en el libro "Los hermanos Brontë", nos dice: "¿Cómo pudo, quien jamás estuvo enamorada, quien no mantuvo una sola conversación con un joven, escribir la más profundamente violenta de las historia de amor?" Según Pinkus, el hecho de haber sido testigo de los malhadados amores de Anne y Charlotte, sus dos hermanas, los traspasó a su mundo interior. Según las propias palabras de Emily: "...doblemente aprecio el mundo interior". Más allá de la realidad, los que pretendemos urdir ficciones, sabemos que sin él no es posible una creación literaria. A Emily Brontë, le bastó para crear una novela perdurable. Según Georges Bataille: "uno de los más bellos libros de la literatura de todos los tiempos".
J. C. Conde Sauné

viernes, 13 de noviembre de 2009

Poema Nº 2 ( Cuaderno I ) * Los mitos

anudarme colores
para plasmar figuras
me enseñó van gogh

locoebriogenial

que salía a buscar esencias
y las mordía
azotando pinceles
untados de arcoiris.

J. C. Conde Sauné

martes, 10 de noviembre de 2009

Siempre me pregunto: ¿cuántos libros le quedarán a uno en la vida sin leer? Y pienso en las hermanas Brontë: Anne, Emily y Charlotte, Todo eso, a raíz del ensayo-biografía que Lydia Pinkus hizo sobre "Los hermanos Brontë"; porque incluía a Branwell, el hermano de ellas, en el cual el padre cifraba todas sus esperanzas, para que fuera un gran artista. Pero terminó destruido por el alcohol y las drogas. Esto dificultó la vida de sus hermanas, quienes a pesar de todo, fueron las que pasaron a la posteridad por sus obras: "Agnes Grey" (Anne), "Cumbres borrascosas" (Emily) y "Jane Eyre" (Charlotte), entre las más recordadas. Confieso, que no leí ninguna de las tres novelas, Sólo vi las películas "Cumbres borrascosas", la dirigida por William Wyler con Merle Oberon y Laurence Olivier; y la dirigida por Peter Kosminsky con Juliette Binoche y Ralph Fiennes, recuerdo sobre todo esta última.
Siempre estuve en deuda, con la lectura de la novela, que recién ahora comienzo y adquirida hace algún tiempo.
El libro de Lydia Pinkus, muy bien estructurado y se diría casi didáctico, nos da una idea precisa de su tiempo y el entorno familiar, en el que vivieron las hermanas Brontë. Insta a leerlas y corroborar ese tan personal y apasionado mundo de ellas.
Por el libro mencionado, Lydia Pinkus obtuvo, en 1997, el Primer Premio de Ensayo otorgado por el Fondo Nacional de las Artes; lo creo bien merecido.
J. C. Conde Sauné

viernes, 6 de noviembre de 2009

Poema Nº 1 ( Cuaderno I ) * Los mitos


ayer
muchos
años atrás
césar vallejo
se sintió enfermo

sufría de humanidad
quería jugar con sus palabras
y sanarse jugando

ayer
siempre
atrás
pasearía por parís
con sus manos
desamparadas
en los bolsillos
y ni una miga
lo resarciría
de su tristeza

¿y qué hago entonces aquí
urdiendo poema tras poema
si vallejo enfermo aún
deambula por las calles?

J. C. Conde Sauné

miércoles, 4 de noviembre de 2009


Se vuelve, a veces, a los libros leídos por un impulso natural o circunstancial. Esto último, me llevó de nuevo a "Santa Fe, mi país", los cuentos de Mateo Booz (Miguel Angel Correa-1881/1943). Un artículo anterior, publicado en mi "Breviario", en el cual menciono el cuento "Los regalos de Fred Devores", difundido en el libro citado, hizo que lo buscara en mi reducida biblioteca y ahí estaba, se había salvado del canje. La reciente releectura de estos 17 cuentos, divididos en cuatro partes: Las ciudades, Campos y selvas, Los pueblos y Las islas, prueban una calidad pareja y sobresaliente.
Con "Los inundados", relato de este libro, Fernando Birri hizo aquella película destacada en 1961, con el mismo nombre. Mateo Booz se ajustó a la premisa de Tolstoi y pintó su aldea. Al leer cuentos como "Los inundados", "La casa solariega", "El infierno verde", "La sinecura de don Cristino", "Patria de infieles", "El reloj" o "El pequeño mundo de Nabor Camacho", uno descubre que mucho no ha cambiado la realidad social en la Argentina; al contrario ha empeorado. Un libro como éste, refleja mejor que pretenciosos libros de ensayos, históricos o de no-ficción, hacia adonde han apuntado los gobiernos en los últimos setenta y cinco años, populistas y no populistas, con dictaduras intermedias.
"Santa Fe, mi país" fue publicado en 1934. La edición que yo tengo , es de 1966 (EUDEBA).
J. C. Conde Sauné