"¡Ladran Sancho, señal que nos dieron la cana!."
Obdulio Cometa (funcionario corrupto)
"¡Proletarios del mundo, uníos para padecer!".
Armando Lentrega (dirigente sindical)
"¡La casa no está en orden!".
Cornelia Inocenti (mujer que sorprende al marido con su mejor amiga en la cama)
"¡Bárbaros, las ideas hay que matarlas!".
Terencio Caverna (General retirado)
"Existo, luego no pienso".
Cándido Sufragio (un argentino medio)
"En los noventa eran el uno a uno, ahora son los dos contra uno".
Zoilo Atónito (un argentino sub-medio)
J. C. Conde Sauné
sábado, 27 de diciembre de 2008
viernes, 12 de diciembre de 2008
EN EL BONDI ( 10 ) Memorias de un pasajero
Hace un tiempo iba con Chichito, (el contador, que venía a la empresa dos veces por semana, le había puesto Chichito; a raíz de que el gerente cuando el chico hacía bien un trámite, le decía: ¡chiche! y de ahí le quedó Chichito) el cadete de una empresa en la que yo trabajaba, a unas clases de computación, la empresa nos mandaba para que no tocáramos de oído. Empleados de contaduría como éramos, debíamos tener una base bien fundada en computación. Aparte reemplazaron el programa "Tango" por el "Stradivarius" que era un poco más complicado. A la vuelta de la clase en Bernal, volvimos hacia Quilmes en un colectivo de la zona. Al subir, me quise agarrar del pasamanos y me quedé con la mano en el aire, ya que le faltaba y sólo había dos agujeros, donde lo habían sostenido dos tornillos en algún tiempo. Cuando me encaminé hacia la máquina, para sacar el boleto, pisé una botella de plástico que había en el piso y que rodó hacia el fondo del coche. Nos sentamos en los asientos del fondo, eran los únicos que estaban más o menos en condiciones, luego de hacer equilibrio con los corcovos del bondi, que parecía un potro mal domado. Intercambiamos opiniones sobre el curso, que se nos hacía bastante ameno y nada difícil. Yo hacía tiempo que manejaba la compu, con sistemas contables y de tesorería; al pibe le enseñaba a asentar algunas cobranzas en la contabilidad, cuando no cadeteaba. Al dueño le preocupaba más el stock, trabajaba en una industria pesquera y quería que yo con la ayuda de Chichito y la secretaria, a la que había enseñado a facturar y armar cajas chicas, pusiera más aplicación en aquéllo. "Un día me voy a enterar que no me queda ningún pescado, así que ojo -me dijo el dueño".
Mientras hablábamos, recibí un codazo que era su señal para indicarme algo. Casi siempre, era una linda chica que subía al colectivo y el eventual regodeo para la vista. Pero no era eso, me señaló debajo de un asiento y vi un tampón usado debajo del mismo. Éso es "arte conceptual", le dije. El chico me miró sin entender. Entonces le aclaré: llevás ese tampón a alguna Exposición de Arte Moderno y lo dejás tirado debajo de una silla y le ponés un título, "Desecho menstrual" y tenés una obra de arte. ¡Ah!, me dijo, ya entiendo.
J. C. Conde Sauné
J. C. Conde Sauné
martes, 9 de diciembre de 2008
Retomar a un clásico, implica menos riesgo que cierta nueva literatura. Teniendo en cuenta, hoy en día,que el arte, en general experimenta una trivialidad sin límites. Por eso volví a leer, después de años ha, "La ventisca" y otros cuentos, de Pushkin. En realidad, de este libro que tengo ahora, antes había leído "La ventisca" y "La dama de espadas", este último un excelente relato; agrego a esta categoría: "El tiro", "El enterrador" y "El encargado de la casa de postas". La literatura rusa tiene un estilo clásico, que no abreva en los modernismos, por lo menos lo que yo leí hasta el momento: Gogol, Turguéniev, Salticov-Chedrin y Gorki. En Dostoievsky, Tolstoi y Chéjov, hay una renovación del realismo hacia el estudio interior de los personajes. En Isaak Babel, Makarenko, Sholojov, Pautovsky y Soljenitsin, se vuelve hacia el primer realismo, sobre todo con el stalinismo en el poder. A mí, a pesar del agua corrida bajo el puente de la literatura, cada tanto me gusta volver a Pushkin, Turguéniev, Gogol, Tolstoi, Dostoievsky, Chéjov e Isaak Babel, mis narradores preferidos en la literatura rusa. Ellos buscaron reflejar a la sociedad en el momento vivido, sin buscar nuevas formas; acaso sabiendo que el individuo, a través del tiempo, es el que cambia, de acuerdo al contexto social que le toca vivir.
J. C. Conde Sauné
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Lo había hojeado varias veces, cuando lo encontraba en mi biblioteca; pero nunca lo leí de cabo a rabo. Me refiero a "Códice Romanoff", publicado aquí con el título "Los apuntes de cocina" de Leonardo Da Vinci. Al retomar, ahora, su lectura, descubro que una de las grandes pasiones que tuvo Da Vinci, fue la cocina; incluso más afectiva que la pintura. Muchas veces empezaba cuadros y no los terminaba. La "Última cena" la acabó por un ultimátum que le dio su mecenas Ludovico; otras obras se perdieron, quedando aquélla, la "Gioconda" y la "Venus de las rocas".En los últimos años, casi ni pintaba, cuando alguno de sus protectores, le pedía que retratara a sus queridas o esposas, se excusaba alegando que tenía artritis. Si lo apremiaban demasiado, se lo encargaba a algún discípulo suyo. De vez en cuando, para dejarlos contentos, le hacía unos retoques con el pincel.
Varias de sus recetas de cocina son increíbles, como cocinar una pata de vaca entera. Se dice que inventó un aparato para hacer los "spaghettis", simplificando la pasta que Marco Polo había traído originalmente de China. En el libro, también, hay unos consejos para los modales a observar en una mesa; algunos son desopilantes: "a cerca de cual es el modo en que deben ubicarse en la mesa los asesinos".
Este genio nació en Vinci, un poblado de las afueras de Florencia el 15-04-1452 y murió en el 2-05-1519. Cuesta creer, que un artista fuera de lo común como él, le haya dado tan poca importancia a su obra. Se comenta, que cuando Francisco I, rey de Francia, le pidió la máquina de hacer los "spaghettis", prefirió darle su "Gioconda" y su "San Juan", antes que la caja conteniendo aquélla, que a su muerte desapareció.
J. C. Conde Sauné
miércoles, 26 de noviembre de 2008
"Lazos de familia", film de Jordan Roberts. Tres hombres y un niño, de un bisabuelo a un nieto, se ven entrelazados en esta magnífica comedia dramática. No soy un especialista en cine, pero sí un cinéfilo (aunque esta palabra me suena un poco rara), digamos un entusiasta que le gusta el buen cine.
Lo anterior viene al caso, porque creo que no es nada fácil hacer una comedia-dramática. He visto muchas películas en las cuales, el director o sus actores tropiezan. La línea imaginaria entre comedia y drama, es muy sutil; pero lo cierto es que la vida corriente nuestra, está saturada de comedias dramáticas. Y esto es lo que supo captar Jordan Roberts, con actuaciones notables de Christopher Walken, Josh Lucas y sólo 20 minutos de Michael Caine, para hacer una película que vale la pena ver. Por ahora nosotros, nos arreglamos alquilando DVD y viendo cine en casa. De lo contrario hay que tomar un bus y enfilar para el centro porque, aquí en Quilmes, no traen una buena película ni de casualidad.
J. C. Conde Sauné
martes, 18 de noviembre de 2008
Días de laxitud o más bien de "nonchalance" (como dicen los franceses, me gusta mucho esa palabra) y especulando en lo por venir y en el porvenir.
Escuchando música, mucha música y reordenando mi discoteca. Poniendo a mano los compactos que me gustan. Dejando un poco aparte, los que escucho menos. Ejemplo: Corea y Hancock en dúo de pianos, "An evening With Chick Corea y Herbie Hancock". ¡Cómo erraron el camino estos muchachos! Confunden arte con técnica o sentimiento con maestría. Es cierto, que la expresión artística tiene que intentar nuevos caminos, pero hay que tantear sintiendo, por lo menos, hacia donde se va. Será por eso, a veces, que uno se conmueve más con Teddy Wilson, Red Garlan o Tommy Flanagan que con Corea, Hancock y Jarret juntos. Pero hay que apostar a la modernidad, derribando lo viejo y construyendo algo nuevo, aunque inconsistente.
Así como nació el rock y la fusión, parientes pobres del jazz, sin la imaginación y la creatividad de éste, se llegó a la música electrónica y ahora un ingeniero avispado, puede hacer también música. Además, hay otras rarezas, John Cage se dio el gusto de componer una pieza para piano, que denominó 4' 33'' , sin una nota escrita. En 1952 el pianista David Tudor, se ubicaba frente al piano los 4' 33'' sin ejecutar nota alguna. Los "sabios" críticos llaman a esta pieza "célebre", porque juega con la reacción del público, por cierto bastante sumiso, que no se fue del teatro y pidió que le devolvieran la plata de la entrada...
"One night in The Hotel" (5' 53"), escuchando a Michel Petrucciani que interpreta a Ellington, como acto de desagravio a la música.
29-08-2002 * J. C. Conde Sauné
martes, 11 de noviembre de 2008
RENATA : PLAN PARA VERSIÓN 2 *
A veces cualquier pretexto es bueno, por lo común si se ha leído sobre los distintos ritos que tienen los escritores, para vencer la obstinada resistencia del papel en blanco. García Márquez dijo que podía, únicamente, escribir con máquina eléctrica. Y si por ejemplo, observo la Underwood enfundada en su estuche de plástico, pienso: la inevitable desazón que me causa sacarla de su modorra y empezar a tipiar algunas líneas. Las oficinas y sus empleos y las prácticas diarias empujan a uno hacia el uso del lápiz 0,5 o de la lapicera a bolilla. Esta noche, no sé porqué, deseché todas las lapiceras disponibles al alcance de la mano y busqué la Parker 51, con su cursi capuchón dorado, la cargué de tinta y la deslicé sobre el papel. Acaso imaginaba, que era como preparar una pipa, encenderla y dedicarse de lleno al deleite de fumar. Hasta ahí, iba todo muy bien; pero es muy difícil atrapar los personajes y encerrarlos en el redil de un rectángulo de papel. Por eso fue necesario leer algunas cartas viejas, postales y , posiblemente, recordar alguna anécdota. Aunque hay que tener cuidado con Borges, porque en cualquier momento puede acusarlo a uno de ser un periodista que cuenta historias amenas, como aseveró al referirse a Maupassant (injustamente, creo).
Colocarse al lado de una ventana, ante una mesa de café y ver desfilar a la gente sería una buena idea, si se fuera Edgar Poe y el fruto resultante "El hombre de las multitudes". No hay peor suerte que imaginar un cuento ya escrito; siento que "Renata" pudo haber sido escrito de otra manera, desde el centro mismo de la adolescencia y dejar más en evidencia la conducta de los padres. Pero a veces los elementos con que se cuenta son muy inconsistentes y yo lo sabía.
Poco importaba, que fuera a máquina, a lápiz, lapicera o con un pedazo de carbón en la pared. Tenían que nacer las ganas desde adentro y los personajes tendrían que salir, casi, como por un tubo, andar por si solos, sin el hilo caprichoso de la tinta o una cinta mecanografiada y así amarían, sufrirían injusticias, rechazos de una sociedad despiadada y mezquina, podrían gozar algunos momentos de felicidad y siguiendo las calles largas del papel andarían a su antojo, podrían comenzar su relato por el desenlace o por el nudo y terminarlo por la exposición, porque con ellos ningún narrador se sentiría seguro, cualquiera se transformaría en determinado momento en su traje de fantasma y podrían discutirle al mismísimo Arlt su estilo caótico y a Cortázar su axiomática transformación de lo real y a Borges su, a veces, pesada erudición. Ellos por lo general deciden su suerte.
En este momento llaman a mi puerta y voy a atender. Se presenta ante mí una chica, de unos dieciséis años, que dice llamarse Renata y me asegura que todo está listo para comenzar de nuevo, que detestó, en mi narración anterior, la ominosa tercera persona y que sólo podría mitigar sus tristezas si le cuento algo de padres cariñosos que quieren a sus hijos y que aún no han sido envilecidos en la vida por el afán de poseer objetos. Prometo destapar la Underwood y recrear algunos de los paraísos perdidos, esos que fueron tejidos en nuestra infancia como una telaraña de hilados finos y sensibles, los que permanecen suspendidos en el tiempo como gotas de rocío y son tan frágiles que cualquier brisa puede quebrarlos. Renata se recuesta sobre la mesa en que escribo y yo renuevo todos sus sueños y fantasías sintiendo, que la calidez de su mirada le dan alas a mis manos.
J. C. Conde Sauné *Integra el tomo "Mis cuentos diversos"
J. C. Conde Sauné *Integra el tomo "Mis cuentos diversos"
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